INDICE
1.1 OBJETIVO
2.- CONCIENCIA DE LAS PROPIAS EMOCIONES
3.- SOCIALIZACIÓN DE LAS EMOCIONES
3.1.- INTERPRETACIÓN
3.2.- REGULACIÓN
3.3.- EXPRESIÓN
4.- EXPRESIONES COMUNES: EL MIEDO Y LAS RABIETAS
4.1.- EL MIEDO
4.2.- LAS RABIETAS
4.2.1.- FACTORES QUE INFLUYEN EN LA EXPRESIÓN DE LAS RABIETAS
5.- AYUDAR A LOS NIÑOS A COMPRENDER LAS EMOCIONES
5.1.- HABLAR DE LAS EMOCIONES
5.2.- ESTRUCTURAR EL ENTORNO FISICO PARA AYUDAR A QUE EL NIÑO APRENDA SOBRE SUS SENTIMIENTOS
5.3.- EXPRESAR DE FORMA DIFERENTE LAS EMOCIONES
5.4.- USAR HISTORIAS Y LIBROS
5.5.- HABLAR ACERCA DE LAS PELEAS Y ENFADOS
6.-ACTIVIDADES PROPUESTAS
7.- BIBLIOGRAFIA
1.1 INTRODUCCIÓN
2. CONCIENCIA DE LAS PROPIAS EMOCIONES
3.1 SOCIALIZACION DE LAS EMOCIONES
La socialización de las emociones comprende tres cosas: aprender a interpretar las emociones, alcanzar cierto control sobre ellas y cuándo, dónde y cómo es apropiado demostrarlas (expresión).
Al principio el niño no sabe cómo interpretar los sentimientos de los demás. Pero gradualmente aparece un reconocimiento creciente de las personas pueden mostrar reacciones emocionales y que es posible darse cuenta de ellas por medio de las expresiones faciales y su comportamiento. De los nueve meses al año, los infantes observan los rostros de las personas como si buscaran una clave para guiar su comportamiento, lo que se denomina referencia social.
Los niños tienen expresiones faciales similares a las que observan en otros niños. Por ejemplo, cuando oyen llorar a otro niño acostumbran sentirse tristes y a veces también lloran, prueba clara de que han aprendido a interpretar las expresiones emocionales de los niños de su edad.
Aún cuando los niños pequeños han aprendido a identificar ciertas emociones, son incapaces de comprender que pueden experimentar más de dos emociones al mismo tiempo; esta comprensión aparece gradualmente, entre los cuatro y los doce años.
Más tarde, los niños comienzan a desarrollar categorías para las emociones positivas y negativas, y diferencian las emociones en cada categoría, como estar “contento” y “alegre” o “molesto” y “triste”. Ya son concientes de que pueden tener dos emociones al mismo tiempo, pero sólo si ambas son positivos o negativos, y están dirigidas hacia un mismo objetivo, por ejemplo el niño que dice: “¡si mi hermano me pega, me sentiría molesto y triste¡”.
Una vez que los niños han aprendido a reconocer las emociones y que pueden experimentar más de una emoción a la vez, se dan cuenta de que pueden tener dos sentimientos similares hacia diferentes objetivos (“me emocionó ir a México y me agradó ver a mis abuelos”). Sin embargo no reconocen que puedan albergar sentimientos contradictorios (“no podría sentirme contento y asustado al mismo tiempo; tendría que ser dos personal a la vez”). Más tarde, los niños entenderán que pueden albergar al mismo tiempo sentimientos contrarios, pero sólo cuando se dirigen hacia diferentes objetivos. De igual manera, los niños mayores podrán describir ya sentimientos contrarios hacia el mismo objeto (“me emociona ir a mi nueva escuela, pero también estoy un poco asustado”).
Aproximadamente a los 6 años, uno de los avances más útiles que los niños efectúan es distinguir una mirada de otra y asignarlas a estados de ánimo y a significados. Pero se trata de un proceso lento.
Al comienzo del periodo preescolar los niños no pueden distinguir con facilidad la diferencia entre emociones reales y fingidas. En cambio, los niños de tres a cinco años ya pueden ver estas diferencias y su comprensión de las emociones les permite poco a poco predecir con facilidad como van a reaccionar sus padres ante sus propias emociones.
Aprender a regular o controlar las emociones, en especial las negativas como el miedo, tiene mucho que ver con la capacidad de adaptación al ambiente y las interacciones sociales del niño. La motivación de los padres para que expresen sus emociones negativas es un factor importante para que aprendan a manejarlas bien.
Cuando los niños son pequeños, los padres los calman y les proporcionan información (expresiones faciales) para ayudarles a interpretar ciertos eventos. Conforme van creciendo, los niños están mejor capacitados para manejar sus emociones y modular la intensidad de estas por ellos mismos, aunque todavía necesitan apoyo para controlarlas. Pueden encontrarse variaciones entre los niños en su habilidad para regular sus emociones; incluso niños mayores y adolescentes pueden presentar problemas para controlarlas.
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