El niño comienza a hacer planes y realizar actividades. El aliento de los padres para esas iniciativas da lugar a una sensación de gozo al tomar la iniciativa y abordar nuevos desafíos. Si los niños son regañados por esas iniciativas, albergarán fuertes sentimientos de culpa, minusvalía y resentimiento. Los padres son la base fundamental para que el niño desarrolle confianza y seguridad en si mismo

Un niño que sabe que siempre puede dirigirse a su madre en momentos de verdadera necesidad se vuelve más confiado en sí mismo. Un niño que corre a los brazos de su madre cada vez que se siente desprotegido a menudo está preocupado por el hecho de que lo obliguen a mantenerse a distancia cuando tiene algún problema. Es un error decir a los niños de cinco años que ya son “demasiado grandes para esas cosas”. Lo son en cierto sentido, pero no les hace ningún bien que se lo digan.

El comportamiento en los juegos refleja a menudo la conducta que está acostumbrado a observar en su propio hogar. En las familias en que la emoción no se expresa abiertamente, la exposición a un sentimiento profundo y repentino puede ser mucho más alarmante que en un hogar donde la irritación o la alegría se manifiestan inmediatamente, como una cuestión de momento que luego pasa.




Los niños aprenden interaccionando con su ambiente emociones aún más complejas que las emociones básicas que poseen todos los niños al nacer. Entre las emociones aprendidas por el niño durante los tres primeros años de vida cabe señalar dos formas diferentes: