3.2 REGULACIÓN DE LAS EMOCIONES

Los preescolares tienden cada vez más a evitar las situaciones que producen emociones negativas y buscan mantener las que se relacionan con sentimientos positivos. Por ejemplo, cuando oyen la campana del camión de los helados, corren por su madre, o por dinero, y cuando se llega a la parte del cuento que les asusta cierran los ojos y se tapan los oídos.
Los niños mayores comienzan a controlar sus emociones a través de sus pensamientos. Por ejemplo, un niño pequeño que pierde su juguete para no sentirse triste se va a dormir; en cambio, el niño mayor ante la misma situación cambia de estrategia y prefiere pensar en cosas felices para no sentirse triste por la pérdida del juguete.

Aprender a regular o controlar las emociones, en especial las negativas como el miedo, tiene mucho que ver con la capacidad de adaptación al ambiente y las interacciones sociales del niño. La motivación de los padres para que expresen sus emociones negativas es un factor importante para que aprendan a manejarlas bien.

Cuando los niños son pequeños, los padres los calman y les proporcionan información (expresiones faciales) para ayudarles a interpretar ciertos eventos. Conforme van creciendo, los niños están mejor capacitados para manejar sus emociones y modular la intensidad de estas por ellos mismos, aunque todavía necesitan apoyo para controlarlas. Pueden encontrarse variaciones entre los niños en su habilidad para regular sus emociones; incluso niños mayores y adolescentes pueden presentar problemas para controlarlas.

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