3.3 EXPRESION EMOCIONAL

Los niños aprenderán poco a poco las reglas de despliegue emocional, dependientes del contexto cultural y familiar. Es decir, las reglas que le indican cuándo y dónde es apropiado manifestar ciertas emociones. Parte de aprender estas reglas consiste en descubrir que la emoción expresada no siempre corresponde a la que uno siente. Por ejemplo, el niño aprende que no debe llorar cuando le obsequian algo que no quería y menos frente a la persona que se lo dio.

A continuación, se presenta una tabla que resume los procesos implicados en la socialización de las emociones.



El niño comienza a hacer planes y realizar actividades. El aliento de los padres para esas iniciativas da lugar a una sensación de gozo al tomar la iniciativa y abordar nuevos desafíos. Si los niños son regañados por esas iniciativas, albergarán fuertes sentimientos de culpa, minusvalía y resentimiento. Los padres son la base fundamental para que el niño desarrolle confianza y seguridad en si mismo

Un niño que sabe que siempre puede dirigirse a su madre en momentos de verdadera necesidad se vuelve más confiado en sí mismo. Un niño que corre a los brazos de su madre cada vez que se siente desprotegido a menudo está preocupado por el hecho de que lo obliguen a mantenerse a distancia cuando tiene algún problema. Es un error decir a los niños de cinco años que ya son “demasiado grandes para esas cosas”. Lo son en cierto sentido, pero no les hace ningún bien que se lo digan.

El comportamiento en los juegos refleja a menudo la conducta que está acostumbrado a observar en su propio hogar. En las familias en que la emoción no se expresa abiertamente, la exposición a un sentimiento profundo y repentino puede ser mucho más alarmante que en un hogar donde la irritación o la alegría se manifiestan inmediatamente, como una cuestión de momento que luego pasa.




Los niños aprenden interaccionando con su ambiente emociones aún más complejas que las emociones básicas que poseen todos los niños al nacer. Entre las emociones aprendidas por el niño durante los tres primeros años de vida cabe señalar dos formas diferentes:
4.1.- EL MIEDO.

A los animales. El miedo de este tipo aparece hasta el primer año de vida. Los niños habituados a convivir con animales no presentan ningún tipo de miedo hacía estos; sin embargo niños que han sido sugestionados por adultos con relatos de animales feroces, son los que comúnmente temen a los animales. Aunque éste miedo es natural y está relacionado con la maduración del niño, ya que es muy normal que en general temamos a lo desconocido o lo que no les es familiar.
A la oscuridad. Se ha sugerido que este tipo de miedo es resultado de una mala educación de los adultos mayores. Este temor también puede ser producto de lo desconocido y con mas razón para un pequeño expuesto a la oscuridad donde no se sabe de que este poblado y de dónde todo puede surgir en cualquier momento.

Otro tipo de temor pero que les fascina, es el de “monstruos” de TV. Parte de esta fascinación se deriva del hecho de saber que los demás niños de la misma edad también están alarmados. Los niños están aprendiendo a distinguir la verdad de la realidad y no están seguros de si la televisión entra en dicho esquema. Pero tampoco desean que sea totalmente historia. Los padres deben escoger con esmero entre distintos programas según lo que crean conveniente para sus hijos.

4.2.- LAS RABIETAS.

Son respuestas emocionales frecuentes en los niños de tres años de edad. Generalmente están asociadas a algún tipo de frustración que el niño experimenta al no satisfacer sus demandas sobre el medio ambiente o al no llamar la atención de sus padres como a el gustaría. Generalmente las rabietas son de dos tipos: impulsivas e inhibidas.
4.2.1- RABIETAS IMPULSIVAS.

Están dirigidas hacia el objeto o persona que ha sido causa de su frustración. Puede tomar la forma de un ataque físico o verbal y su intensidad es variable.

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